El Carácter De Los Pueblos

El evangelio, a lo largo de los siglos, ha ido penetrando en la mayoría de las naciones y pueblos de la tierra. El mensaje del Reino se ha extendido ampliamente y ha conformado mucho de lo que hoy es la sociedad en sus estructuras y esquemas en la vida occidental. La nota triste está en que en muchos casos sólo ha sido la carcasa religiosa la que a dado forma a los hábitos y la moral, sin que el corazón del evangelio, que es la transformación del individuo desde dentro hacia fuera, haya afectado plenamente a las formas de vida. Las mezclas y los yugos desiguales han producido una disolución en la fortaleza del evangelio en el corazón del hombre, y han dejado una debilidad en la fe que impide experimentar el poder del Reino de Dios.

Sin embargo, vemos en las Escrituras que el evangelio afecta y penetra en unas ciudades o culturas de formas diferentes. Por ejemplo, Jesús no pudo hacer muchos milagros en su tierra natal, donde se había criado, en Nazaret, a causa de su incredulidad; mientras que en la vecina Samaria su mensaje tuvo una entrada rápida y generalizada. Por su parte, el apóstol Pablo, experimentó lo mismo. El evangelio no tuvo la misma acogida en Tesalónica que en Berea. El carácter de las gentes de cada una de esas ciudades, a pesar de pertenecer a la misma región de Macedonia, tenía aspectos bien diferenciados. Mientras que en Tesalónica hubo una fuerte oposición y Pablo tuvo que salir muy pronto de aquel lugar; unos kilómetros mas allá, en Berea, se mostraron receptivos y especialmente nobles a la hora de contrastar las palabras del apóstol con el fundamento de las Escrituras.

Estos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, 
pues recibieron la palabra con toda solicitud, 
escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.

Recuerdo bien las luchas tremendas para llevar el evangelio a muchos de los pueblos de la provincia de Toledo (España), y el contraste increíble cuando anunciamos el mensaje en Quintanar de la Orden, un pueblo de la misma región. Aquí rápidamente se juntó mucha gente para oír y recibir la buena nueva; pronto surgieron grupos hogareños donde se mantenía una actitud abierta hacia la proclamación del evangelio. La palabra se abrió paso muy pronto y se estableció una congregación que se mantiene hasta el día de hoy. El contraste que vi me hizo reflexionar mucho sobre las diferentes potestades territoriales que afectan sobre el carácter de los pueblos. El Reino de Dios tiene poder para alcanzar a todos, pero no en todos los lugares se encuentra la tierra fértil apropiada en el mismo tiempo.

Hay naciones que experimentan tiempos de gran apertura espiritual, y otras que se mantienen cerradas a cal y canto a pesar de realizar esfuerzos incluso mayores. ¿Por qué? La respuesta nos introduce en un ámbito muy amplio de especulaciones y dilemas difíciles de resolver.

Sin embargo, nuestra misión es ir a todos los lugares, abiertos o cerrados, anunciar el evangelio y esperar los frutos. Al hacerlo notaremos y experimentaremos una diversidad de sucesos y dirección del Espíritu Santo que nos irá mostrando los pasos a dar en cada lugar o pueblo. Eso fue lo que hizo el apóstol Pablo en sus viajes misioneros. En ocasiones el mismo Espíritu les prohibió predicar la palabra en Asia; y les mostró hacia donde debían moverse. Encontraron el camino en la acción. Supieron hacia donde ir cuando ya estaban en camino –aunque el primer paso fue impulsado por el Espíritu de Dios en la iglesia de Antioquia-. Cuando llegaban a una ciudad y rechazaban la palabra se movían a otro lugar. Dejaban bien atendidos a los que habían creído (les enseñaban, ponían ancianos, los mantenían en constante oración y les encomendaban a la palabra de Su gracia para que fueran edificados) y marchaban a otros pueblos, ciudades o naciones con la palabra viviente.

Por lo tanto, las diferentes expresiones del carácter de los pueblos pueden acelerar o ralentizar el avance del evangelio, pero nunca paralizarlo.

Vuestro en Cristo

VIRGILIO ZABALLOS

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